
Coordenadas para pensar las adolescencias
Las problemáticas sociales constituyen fenómenos complejos
Frente a los recientes episodios de amenazas en instituciones escolares manifestadas mediante grafitis, resulta necesario comunicar a la ciudadanía que las problemáticas sociales constituyen fenómenos complejos y multidimensionales, atravesados por diversos factores históricos, culturales, subjetivos, institucionales y sociales.
En consecuencia, no pueden ser comprendidas ni abordadas a partir de explicaciones simplistas o respuestas unívocas, ni tampoco desde la intervención exclusiva de la institución escolar.
En una época caracterizada por la inmediatez y la exigencia de respuestas rápidas, se vuelve indispensable habilitar pausas y espacios de reflexión crítica que permitan interrogarnos acerca de aquello que acontece en nuestra sociedad y de los modos en que dichos fenómenos nos interpelan colectivamente.
La contemporaneidad se encuentra marcada por transformaciones aceleradas que impactan profundamente en la vida social y subjetiva, produciendo modificaciones en las formas de vinculación, en los sistemas de referencia simbólica y en las dinámicas institucionales.
Instituciones históricamente organizadoras de la vida social —como la escuela, la familia y el trabajo— han experimentado mutaciones en los sentidos y significados que tradicionalmente se les atribuían. Este escenario invita a reflexionar críticamente acerca de los lugares que dichas instituciones ocupan en la actualidad y sobre cómo son percibidas socialmente, a fin de reconfigurar sus prácticas de manera acorde a las coordenadas culturales y sociales de nuestros tiempos.
Las adolescencias y los procesos de construcción identitaria
La adolescencia constituye un período de transición entre la niñez y la adultez, atravesado por complejos procesos de construcción identitaria.
Dicho proceso requiere, por un lado, del sostén y acompañamiento de adultos referentes afectivos —familiares o no— y, por otro, de la posibilidad de construir progresivamente cierta autonomía mediante el encuentro con el mundo exterior y el grupo de pares.
Se trata de una etapa particularmente permeable a las transformaciones culturales y sociales, en la que las adolescencias buscan referencias, valores y modelos identificatorios en el espacio social.
Estamos en un contexto sociocultural que privilegia la inmediatez, la exhibición constante, el individualismo y la lógica del éxito inmediato, donde los lazos sociales y las redes de sostén se presentan cada vez más frágiles, las desigualdades se profundizan y las expresiones de violencia y agresividad forman parte de la cotidianeidad tanto en espacios presenciales como virtuales, por lo cual resulta imprescindible interrogarnos acerca de qué herramientas simbólicas, afectivas y comunitarias estamos ofreciendo a las adolescencias para vincularse con el mundo.
En este sentido, resulta fundamental ser especialmente cautelosos respecto de los modos en que se nombra y caracteriza a las adolescencias. Las etiquetas estigmatizantes, particularmente en un momento de constitución subjetiva e identitaria, pueden producir marcas simbólicas persistentes que condicionen futuros modos de inserción social y construcción personal.
Los malestares psíquicos no responden a una única causa, sino que emergen de una compleja articulación entre condiciones socioculturales, trayectorias subjetivas, dinámicas familiares y circunstancias históricas y contextuales. Cada situación requiere, por lo tanto, ser comprendida desde la singularidad de un entramado que involucra una historia de vida, una estructura familiar y un contexto social determinado.
Desde esta perspectiva, resulta necesario que, como sociedad, podamos repensar el rol y la responsabilidad que nos compete en el acompañamiento de los procesos de crecimiento y subjetivación de las adolescencias.
Precisamente porque no son niños, pero tampoco adultos, las adolescencias requieren del acompañamiento sostenido de las familias, las instituciones, la comunidad y el Estado.
Avances tecnológicos y entornos digitales
Asimismo, los avances tecnológicos y la expansión de los entornos digitales producen efectos concretos en la subjetividad y en las modalidades de vinculación social.
Lo digital no constituye únicamente un canal de comunicación, sino un espacio productor de sentidos, prácticas y modos de relación que inciden en la vida cotidiana y en las dinámicas institucionales.
En este contexto, los malestares propios de la época adquieren una capacidad de circulación y amplificación inédita: muchas veces, el acto —ejemplo: amenazas— circula socialmente antes de volverse plenamente comprensible.
Por ello, resulta indispensable escuchar e interpretar aquello que las adolescencias intentan expresar, evitando tanto posiciones ingenuas que reduzcan las pantallas a simples herramientas neutras o canales como perspectivas alarmistas que las conviertan en un “demonio abstracto”.
Para numerosos adolescentes, las redes sociales constituyen hoy espacios de referencia inmediata, donde circulan códigos, rituales, formas de reconocimiento y modos de tramitar las dificultades vinculadas a los lazos sociales.
Coordenadas para reflexionar
Abandonar la lógica del “adolescente-problema” y construir colectivamente espacios de cuidado, escucha y acompañamiento
Entendemos que nuestra época parece ofrecer escasos espacios colectivos para elaborar el malestar subjetivo y múltiples medios que tienden a transformarlo en espectáculo o entretenimiento.
En este marco, se vuelve necesario abrir preguntas sobre el entorno en el que crecen las adolescencias hoy:
- ¿Cómo abordar estos episodios sin desestimarlos, evitando al mismo tiempo miradas culpabilizadoras y estigmatizantes sobre las adolescencias?
- ¿Qué respuestas podemos construir como sociedad que no se reduzcan exclusivamente a medidas punitivas?
- ¿Somos capaces de generar otros espacios —más allá de lo digital— donde las adolescencias puedan tramitar sus malestares, construir lazos significativos, sentirse escuchados y reconocidos, y elaborar modelos identificatorios saludables?
El desafío, entonces, consiste en abandonar la lógica del “adolescente-problema” para avanzar hacia la construcción colectiva de espacios de cuidado, escucha y acompañamiento que favorezcan un desarrollo saludable.
Ello requiere del compromiso, la responsabilidad y la participación activa de toda la comunidad.
Firmantes
- Servicio de Adolescencias del Hospital Perrando
- Comisión Niñeces y Adolescencias del Colegio de Psicólogas y Psicólogos del Chaco
- Comisión Científica Ad Hoc del Colegio de Psicólogas y Psicólogos del Chaco
- Comisión Ejecutiva del Colegio de Psicólogas y Psicólogos del Chaco
- Lic. Kiria Gover Referente de Educación